De una manera general, se puede observar que la mayoría de las acciones en la explotación de los diferentes recursos mineros posee efectos negativos sobre los recursos edáficos e hídricos lo que tendría repercusiones directas sobre los atributos biológicos considerados en éste análisis.
Por otra parte, el hecho de poner en funcionamiento un sistema productivo como es la minería, genera una relación sociedad naturaleza que en muchos casos puede ser conflictiva y en otros podría resultar armónica.
En toda explotación de un recurso minero que implique movimientos de suelo de gran magnitud, tanto en la apertura como en el cierre de áreas de explotación, se producen importantes alteraciones ambientales.
En tal sentido, todas aquellas explotaciones a cielo abierto producen la destrucción total de los suelos, tanto en sus aspectos estructurales como funcionales, debido principalmente a la mezcla de horizontes, la apertura de importantes procesos erosivos y a la exposición de las partículas a la acción del viento y del agua. Los efectos indirectos de estas actividades mineras tendrían poca implicancia y estarían fundamentalmente relacionados con el transporte y acumulación de materiales en suspensión por acción del viento y que se genera a partir de la acumulación de materiales en parvas.
Por otra parte, y considerando los efectos de la actividad minera de extracción de metales, la acumulación de tóxicos en el suelo podría resultar uno de los efectos negativos de mayor envergadura dada las posibilidades de transferencia y magnificancia en los ecosistemas aledaños.
En cuanto a los recursos hídricos, si bien se pueden producir alteraciones tanto en las escorrentías, calidad y disponibilidad, tales efectos no serían de gran magnitud, salvo en los casos de explotación de metales donde tanto los recursos subterráneos como superficiales podrían llegar a presentar signos de contaminación por los tóxicos utilizados en los procesos de separación.
Desde el punto de vista de la de comunidad biótica, se producen efectos tanto a nivel general como de especies e individuos en particular. Ello se debe a que con estas acciones, no sólo se destruye la cubierta vegetal y con ello una gran cantidad de hábitats para la fauna asociada, sino que también, en la mayoría de los casos, se destruye la capa superficial del suelo donde persiste el banco de semillas, único reservorio de propágulos con alta probabilidad de regenerar a la comunidad tanto en su estructura como en su funcionamiento. Un efecto más negativo podría considerarse en aquellas situaciones en las cuales el área de explotación se halla ubicada en regiones con alta proporción de endemismos, tanto vegetales como animales.
El cierre de canteras, si bien podría considerarse como un hecho positivo a primera vista, en ocasiones, provoca una remoción de suelo de volumen y extensión más importante que la del área explotada. Ello se debe a que se utiliza tanto suelo, como estériles locales o materiales diferentes de áreas adyacentes no explotadas.
A una escala más pequeña, estas alteraciones en la calidad del hábitat pueden jugar un papel altamente negativo para aquellas especies de animales que muestran patrones de migración, y que justamente la actividad minera, altere alguno de esos territorios donde la o las especies realizan algunas de sus actividades vitales para su existencia y proliferación.
Una de las únicas acciones, que de ser realizada podría resultar con efectos relativamente positivos sería el cercado de las áreas de explotación, con lo que se impediría el acceso a los herbívoros domésticos y con lo cual podría protegerse de ellos aquellas áreas no destruidas por la actividad minera y que podrían comportarse como centro de conservación y dispersión de propágulos para la recuperación o rehabilitación de las áreas luego de su explotación.
Teniendo en cuenta las características de la estructura productiva de la Provincia de La Pampa, donde es evidente el predominio de las actividades agropecuarias como generadoras del mayor aporte al Producto Bruto Geográfico, el desarrollo futuro de actividades mineras en las áreas de estudio, podría modificar el perfil productivo provincial.
Además es importante tener en cuenta que las posibilidades de desarrollo minero se localizan en un área espacial que no compite con las actividades agropecuarias de mercado, por lo cual es factible la complementación de estas actividades favoreciendo el crecimiento económico de la provincia en su conjunto.
Los conflictos con otros usos del suelo son de baja magnitud dadas las características productivas de la región.
Así el desarrollo futuro de las áreas mineras en estudio tendría varios efectos positivos. La generación de puestos de trabajo, directos e indirectos, podría cambiar sustancialmente las características demográficas de la región oeste y sur de la provincia, aumentando la cantidad de población y como consecuencia, generando una mayor dinámica de producción, transporte y consumo de bienes y servicios.
El marcado desequilibrio del desarrollo provincial que dificulta la integración del territorio, podría verse atenuado si se produce un cambio en la estructura productiva del oeste y sudoeste, donde se localiza la mayoría de las áreas mineras definidas por el programa PASMA II, Zona Centro.
En el contexto de la globalización actual, la racionalidad tradicional de las regiones económicas y de las jurisdicciones políticas, está siendo desplazada por una nueva lógica económica, donde se prioriza la "región económica" que supera los límites jurisdiccionales (provinciales y/o nacionales). En este ámbito y particularmente para las áreas mineras seleccionadas en la Provincia de La Pampa, es interesante destacar el Tratado Fundacional de la Región Patagónica (1996) que propone la creación de un espacio político económico que permita aportar soluciones a las necesidades comunes de las provincias que integran la mencionada región. En el mismo sentido, reviste importancia la integración del Mercosur dado que permite la apertura a un mercado regional latinoamericano.
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